No les voy a fallar, mi honestidad no tiene precio: AMLO

Fecha de publicación: 2018-06-30 20:37:52

Ciudad de México.-Las palabras de Andrés Manuel resuenan en el estadio Azteca de forma pausada mientras más de cien mil personas, congregadas para su cierre de campaña, escuchan con atención cuando el líder de la izquierda desmenuza su plan de trabajo para el siguiente sexenio. Habla de los valores de su partido y de su equipo de trabajo, habla de sus ideales y agradece a la gente su voto de confianza. Durante el discurso, el acento tabasqueño articula una promesa a quienes están congregados en el recinto: “No les voy a fallar. Mi honestidad, no tiene precio”. La ovación de todos los simpatizantes hace vibrar el estadio, mientras Obrador levanta las manos bajo una lluvia de confeti blanco y comienza a sonar en toda la estructura una interpretación que queda casi ahogada por el barullo.

Tras haber recorrido los municipios del país durante varios meses, el equipo de AMLO llegó ayer al estadio chilango para dar cierre a la que, según dio a conocer el propio candidato, sin importar el resultado será su última campaña. El líder de las encuestas hizo su aparición en la cancha del Club América aproximadamente a las 8 de la noche, llegando de la mano de Beatriz Gutiérrez Müller, y saludando a los simpatizantes, miembros del staff y los periodistas más próximos. La pareja subió por las escaleras centrales hasta la tarima, donde se reunió con los candidatos a gobernadores de los estados por Morena.

A pesar de que la gente llevaba más de tres horas dentro del recinto - escuchando y bailando al son tropical de artistas como Susana Harp, la Orquesta Sinfónica de Tlaxiaco, Margarita “la Diosa de la Cumbia” y Belinda-, cuando la candidata a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, se apropió del micrófono, los ojos de las personas se encontraban atentos, mirando las pantallas que, a gran escala, transmitían lo que ocurría sobre el templete. De pronto, mientras Claudia habla con tono enérgico, las cámaras enfocaron a Obrador; con un semblante severo e inmutable, los años y las decepciones han marcado su rostro, pero, aferrado, mantiene la determinación y la esperanza de convertirse en el próximo presidente del país. Claudia termina su intervención diciendo que es para ella un “honor presentar al siguiente presidente de México”.

La noche ha caído ya sobre el cielo cuando el hombre de las canas blancas toma la palabra entre los calurosos aplausos y vitores. Más que un alegato de cierre de campaña, Andrés Manuel enuncia un discurso de toma de posesión, y de agradecimiento a las personas más cercanas que han estado con él desde 1992 cuando encabezó un peregrinaje con cientos de personas desde Tabasco a la Ciudad de México, en señal de resistencia y desconocimiento a los resultado oficiales de la elección estatal. Entre los personajes que menciona se encuentran Elena Poniatowska, Carlos Monsivais, Fernando del Paso, Ifigenia Martínez, Porfirio Muñoz Ledo y Cuauhtémoc Cárdenas, entre otros.

Al eco de “¡Presidente! ¡Presidente!” que exclama la multitud, Andrés Manuel promete al pueblo gobernar con honestidad, pacificar a la nación y respetar las libertades de los individuos. Habla también de la implementación de un nuevo programa educativo, que no afecte al magisterio, promete que no habrá gasolinazos, ni tampoco incremento de impuestos en términos reales. La recuperación del campo, la austeridad del gobierno, y la supresión del CISEN, son otros puntos que toca durante su discurso. Obrador anuncia un cambio radical, pero, aclara, se refiere a un cambio desde la raíz y manejado de manera pacífica.

"Lo que son las cosas, soy el candidato de más edad, pero los jóvenes, con su rebeldía, saben que representamos lo nuevo, la modernidad" La ironía y la broma de Andrés Manuel demuestran su confianza en la elección. Solo el domingo sabremos si se adelantó al hacer promesas esa noche en el Estadio Azteca, si será o no será, después de todo, el próximo presidente de la nación. Él, siendo el puntero, cierra su campaña veinte puntos arriba del resto de candidatos, lo cual lo atribuye como últimas palabras de su discurso, a haber recorrido cada una de las plazas públicas del país, creando conciencia entre las clases medias.

La paloma aparece en las pantallas, con una canción que evoca a Benito Juárez, pero con una nueva versión de letra con la narración de las desapariciones forzadas de los jóvenes normalistas en Ayotzinapa. Eugenia León canta para la multitud mientras el estadio se vacía poco a poco hasta quedar desierto. Sobre el templete solitario también se apagan las luces.


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