Y cuando despertó, la tercera fue la vencida

Fecha de publicación: 2018-07-02 16:54:45

Fernanda Carbajal

Ciudad de México.-Los candidatos por la presidencia ya habían reconocido el triunfo de Andrés Manuel López Obrador dos horas antes de que el mensaje y resultados oficiales se dieran a conocer de la voz del Consejero Presidente, Lorenzo Córdova.

“Reconozco que las tendencias del voto no nos favorecen”, anunciaba Meade bastante conmovido desde su cuartel. Anaya, minutos después, declaraba: “La ciudadanía quería un cambio y optó mayoritariamente por la opción que él representa”. ¿Y el Bronco? Bueno, él tardó un poco más en hacer lo propio.

Los mensajes ya llenaban de regocijo a los lopezobradoristas. Conglomerados en sus casas, en restaurantes de Coyoacán, en el transporte público -gratuito-, en las calles del Centro Histórico, en la plancha del Zócalo o en la avenida Juárez frente al hotel Hilton donde AMLO concentraba a su equipo de trabajo, y donde los medios de comunicación esperaban atentos el mensaje del próximo presidente.

Los reporteros, fotógrafos y camarógrafos se rifaban capturando, desde las primeras horas del primero de julio, las más oportunas expresiones de la jornada electoral mexicana para repartir la información a sus correspondientes medios y exponer a la ciudadanía la importancia de su voto.

“¡Ya dejen pasar a mi líder! ¡Tiene que irse a desayunar”, gritaba un hombre de más o menos cuarenta años a las puertas de la casilla 0359 donde “El Peje” tenía que ejercer su no tan secreto voto. Pues, en su cierre de campaña había anunciado que votaría por Rosario Ibarra de Piedra, una importante activista mexicana.

Y así, como en la canción de Bohemian Rhapsody se llevaron a cabo en México las elecciones más históricas. Es decir, el día no tuvo ni una sola pausa electoral -justo como en las rapsodias- y el momento culminante fue el reconocimiento del presidente electo. O sea, ¿no es acaso el solo de guitarra de Brian May, guitarrista de Queen, la mejor manera de representarlo? Lleno de emoción, de éxtasis, de brillo, de gritos, de movimiento. ¡Y sí! Igualito a la fiesta que se había organizado en la capital.

“¡Pre-si-dente! ¡Pre-si-dente!” declamaban cientos de asistentes afuera del Hilton y de entre las calles cercanas a él. Era una locura el fenómeno “AMLOVER” o “Pejechairos” (para los antipáticos). Niños, adultos, cantidades inmensas de jóvenes, adultos mayores en sillas de ruedas, turistas, trabajadores que se unían al huateque desde los balcones del Sanborns “los azulejos” con sus simbólicos trapos blancos... todos estaban ahí; juntitos y apachurrados.

“¡No les voy a fallar. Así como ustedes me quieren, yo los quiero y un poquito más”, dijo para cerrar su noche, frente a la Catedral Metropolitana, el ya electo presidente de México. Y en esta ocasión después de varios intentos, la tercera fue la vencida.


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